domingo, 14 de enero de 2018

LO QUE DESCUBRÍ DE MÍ MISMA MIENTRAS CORREGÍA MI ÚLTIMA NOVELA.



Estoy segura de que creeríais que después de daros la lata con mis pasos a seguir durante la corrección de una novela (Hablemos del proceso de corrección, https://laorilladelasletras.blogspot.com.es/2017/08/hablemos-del-proceso-de-correccion.html; Hablemos del proceso de corrección (II) https://laorilladelasletras.blogspot.com.es/2017/09/hablemos-del-proceso-de-correccion-ii.html y Hablemos del proceso de corrección (III) https://laorilladelasletras.blogspot.com.es/2017/11/hablemos-del-proceso-de-correccion-iii.html) ya no tenía nada más que contar de este tema. Y, sin embargo, todavía han quedado unas cuantas cosas rondando mi cabeza. Cosas sobre las que pensé mientras me dejaba las pestañas y casi los ojos (literalmente) corrigiendo mi última novela y que voy a escribir aquí fundamentalmente porque no quiero olvidarlas. Bien, allá voy con ellas.
Mucha gente se entusiasma escribiendo el primer borrador pero luego odia corregir. Hace ya bastante tiempo que me di cuenta que, en mi caso, está bien sentir esa euforia mientras escribo la primera versión de mi obra, pero que, sin las horas y horas de correcciones posteriores, mi relato, novela, lo que sea que esté escribiendo en ese momento, sería poco más que un texto piltrafilla. Yo intento hacerlo lo mejor posible siempre, aunque tras la lectura global que sigue al final del borrador me encuentro que no lo he hecho tan bien. De hecho, en esta ocasión llegué a acordarme del caso del Cristo de Borja y la señora Cecilia. Para mí, mi novela, a primeros de septiembre, era ese Ecce Homo desangelado que tenía que pulir hasta convertirlo en lo que yo quería que fuera. Por suerte, conseguirlo era más fácil que arreglar el desaguisado de Borja ya que que quitar y poner palabras en un procesador de texto no es nada comparado con quitar los manchurrones que puso la señora Cecilia en aquella obra de arte. Aunque lo mío me ha costado, no os vayáis a creer que ha sido tan fácil. Horas y horas revisando. Ha sido duro, ¡pero también muy gratificante! Porque cuanto más tiempo pasa, más me gusta corregir mis textos, esforzarme y ver hasta dónde puedo llegar.


Por otra parte, siempre he sido una escritora un tanto caótica, pero con el tiempo creo que me estoy organizando un poco mejor. No creo, sin embargo, que llegue nunca a ser una de esas disciplinadas escritoras de mapa que no empiezan a escribir ni una palabra hasta que no tienen toda la documentación clasificada, las fichas de los personajes hechas y los esquemas de los capítulos perfectamente colocados. Tampoco creo que pueda volver a ser una autora de brújula y ponerme a escribir sin saber nunca a dónde voy. ¿Qué creo entonces que soy? Una escritora GPS. Y es que lo mío es como cuando vas de viaje en coche hoy en día: antes de salir, preparas unas cuantas cosas, pero no demasiadas. Sabes que habrá alguna parada intermedia y una al final, eso lo tienes claro. Pero el resto lo dejas un poco en manos del GPS. Sí, te confías un poco a veces. Y muchas te das cuenta de que has hecho mal. Porque el cacharro acaba llevándote por lugares insospechados que igual te dan un poco de miedo. O no encuentra bien el camino. Incluso, si no te das cuenta, puedes acabar en el fondo de un pantano.
Así que guiarse por el GPS a veces está bien, pero como no quiero acabar atascada en el barro de mi propia obra demasiadas veces, para la próxima novela creo que tendré más cosas planificadas de antemano (aunque nunca llegue a ser una autora mapa completa). De hecho, como siga planificando lo que quiero escribir próximamente, ¡creo que nunca me pondré a escribirlo!


Sí, yo soy así de veleta: si paso demasiado tiempo dándole vueltas a una idea en la cabeza y no me pongo a escribir, al final me paso a la siguiente. Estoy intentando corregir eso, ser menos impaciente y mantenerme en una sola idea. No es fácil porque tengo ideas continuamente. Ideas que quiero desarrollar, y entonces… Pues lo dicho: tengo que intentar ser más organizada.
Y ahora dejo de daros ya la lata con mis divagaciones, ¡que tengo que ponerme de nuevo a corregir mi novela! Ah, ¿es que no lo sabéis? Después de terminar las correcciones que haces por tu cuenta, ¡llega un editor y te dice que corrijas algunas cosas más! En serio, ¡qué ganas de terminar ya con esto y poder hablaros de otras cosas! Mientras tanto, como siempre os deseo, ¡que tengáis felices lecturas!
Cristina Monteoliva

1 comentario:

  1. Me parece una reflexión muy interesante, pero creo que tú ya tienes tu propio método, da igual cómo sea el de los demás.

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