lunes, 29 de enero de 2018

Entrevista: INÉS MENDOZA.

Queridos lectores,

después de un tiempo de parón, volvemos con las entrevistas en La Orilla de las Letras. En esta ocasión la autora que nos acompaña no es otra que Inés Mendoza, que desde hace meses tiene a la venta en el mercado su segundo libro de relatos: Objetos frágiles.
Inés Mendoza es escritora y arquitecta. Actualmente trabaja como profesora en la Escuela de Escritores. Ha publicado los libros  de cuentos El Otro Fuego (Páginas de Espuma, 2010) y Objetos frágiles (Páginas de Espuma, 2017). Sus relatos han sido recogidos en diversas antologías, entre las que destaca Mar de pirañas, nuevas voces del microrrelato español (Menoscuarto, 2012). También ha impartido cursos en instituciones como el Museo del Romanticismo y publicado artículos sobre literatura en medios de prensa y libros colectivos, como Diodati, la cuna del monstruo (Adeshoras, 2016) o Jules Verne (Graphiclassic, 2017).
Dicho esto, ya solo queda que nos adentremos en la entrevista:

¿Cuándo comenzaste a escribir?
No empecé en un momento preciso. He leído y escrito desde que tengo memoria. De niña hacía poemas y cuentos que imitaban (o intentaban imitar) los libros que leía; quería ser Marco Polo, el principito, y así sucesivamente. En la universidad redactaba pasquines o panfletos políticos, y colaboraba en publicaciones literarias o de arquitectura. Luego empezaron lo que llamo mis “lecturas-revelación”, especie de ritos de paso que me han ido abriendo perspectivas vitales o poéticas. Jamás olvidaré la primera vez que leí el poema Abandonadlo todo de André Breton.

¿Qué autores o libros te han influido como escritora?
¡Uff, son demasiados! Te hago un resumen. Ya para 2010, cuando se publicó El otro fuego, mi otro libro, la cosmovisión romántica había marcado mi forma de entender la escritura. De hecho, fue por esos años cuando empecé a dar cursos sobre romanticismo. Debo mucho a autores alemanes e ingleses como Byron, Blake, Novalis, Eichendorff o Hoffmann. He seguido a Poe, Miller (Henry), Dunsany, Kafka, y Cortázar. Me siento en deuda con los simbolistas franceses, los surrealistas de diversos lugares y épocas (Leonora Carrington en particular), y las vanguardias. Por último, ciertas corrientes extraliterarias han determinado mi visión del mundo: el existencialismo feminista de Simone de Beauvoir, el sistema social pasional de Fourier, el marxismo y el anarquismo. Parece una lista heterogénea, pero no lo es tal y como yo la veo: una lista de autores románticos/as, entendiendo el romanticismo como una filosofía que trasciende la corriente estética de Jena.

¿Cuál es el último libro que has leído? ¿Nos lo recomendarías?
Suelo leer varios al mismo tiempo. Recomendaré dos: La lluvia en el desierto, que reúne la poesía y los poemas póstumos de mi amigo Eduardo García. Edu es un escritor auténtico, un intelectual excepcional, y un vitalista valeroso cuyos poemas, aforismos, y ensayos serán un descubrimiento para cualquier lector. Ahora mismo acabo de leer El anillo de Pushkin, de Juan Eduardo Zúñiga, un libro inclasificable que es al mismo tiempo un homenaje a la gran literatura rusa y un conmovedor testimonio de amor a los libros, a la poesía.

¿Por qué escribes relato y no novela, por ejemplo?
Pues no te creas; entre mis veinte y mis treinta años escribí dos novelas. Una era algo así como una relectura de Rayuela y de El libro de Manuel; la otra era una suerte de exploración erótica. Lo que pasa es que a medida que me formaba como escritora me iba dando cuenta de que la novela no era mi género, y descarté los dos manuscritos.  Eso no significa que si un día necesito escribir una novela o un poemario no lo haga, pero vamos, que tengo claro que mi género es el breve. Por otra parte, soy una escritora lenta, y tengo la impresión de que me aburriría escribir sobre el mismo argumento durante años; cosa que es inevitable, creo yo, si se cultiva el género novelístico.
  

© Víctor García Antón.

Por cierto, ¿qué ingredientes tiene que tener un cuento para que sea bueno, según tu opinión?
Bueno, hay muchos tipos de cuento. Unos se acercan al poema en prosa o al microrrelato. Los hay realistas y fantásticos, detectivescos o de ciencia-ficción. En principio no rechazo ningún texto por su género. Numerosos relatos de Carver recurren a estructuras clásicas y son obras de gran inteligencia y sensibilidad. Lo mismo digo de las narraciones experimentales de Cortázar o Borges. A mí lo que me interesa de un libro es la calidad. No hablo de excelencia, hablo de responsabilidad. ¿Qué busco en un relato? Para empezar, que me conmueva en el plano de lo sensible. Tengo la manía de clasificar los libros en dos grupos: el de los que no tienen “el espíritu” (en el sentido filosófico, no en el religioso) y el de los que sí lo tienen (en distintos grados). Por regla general, necesito de un texto que se sustente en un discurso de respaldo, que mantenga alguna postura ante la realidad, aunque lo haga con fantasmas o marcianos. En cambio no me interesan los escritores que carecen de mundo, los autores comerciales o los que buscan medrar. Cualquiera está en su derecho de vender, claro, pero yo no quiero perder el tiempo. Aparte del “espíritu” y el discurso, también valoro el oficio en un libro; creo que el esfuerzo técnico es una muestra de responsabilidad social y respeto por el lector. Me importa, más que ninguna otra cosa, la autenticidad. En eso coincido plenamente con los románticos, y más en nuestra época, que refrenda el famoseo y presta tan poca atención a la poesía.

¿Cuánto tiempo has tardado en reunir los dieciocho relatos que componen Objetos frágiles?
Unos seis años. Solo que no fue exactamente que los reuniera. Desde el momento en que creo que tengo un libro, empiezo a descartar cuentos, a imaginar el sentido del conjunto y de cada texto, a probar distintas opciones para ordenarlos, a hacerme preguntas sobre el significado de lo escrito, lo que puede aportar, etc. Todo esto lo hago en varios años, no de una tacada.

¿Cuál de los relatos de este libro te ha costado más escribir?
Me costó mucho Todo lo sólido. Mucho no: muchísimo. A lo mejor es porque se trata de un texto expresionista, expositivo, difícil de componer. Al principio este relato tenía la extensión (y hasta la estructura) de una nouvelle; luego eliminé una parte del argumento y lo reescribí, pero no me gustó el resultado y lo descarté; no lo veía. Más tarde descubrí, casi por azar, que este relato tocaba todos los temas del libro. Esto me encantó, entre otras cosas porque en las primeras versiones del cuento la protagonista estaba traduciendo El paseante de las dos orillas, de Apollinaire, uno de mis libros más queridos. Así fue como me di cuenta de que Todo lo sólido paseaba por los demás textos, los recorría, al igual que Apollinaire paseaba por mi amada Paris. Después de eso pasé meses reescribiendo el texto y finalmente lo incluí en el volumen.

¿Por qué has decidido ordenar los relatos en tres secciones distintas?
No fue una decisión; es algo que ha ido pasando. Probé varias formas de organizar el libro. Al final, creo que el orden resultante es una mezcla de todas esas tentativas. Lo suyo es que sean los lectores quienes interpreten el sentido (o sin sentido) de las tres secciones. Mi interpretación es que “Ritual de las manos” agrupa los cuentos más oníricos, los que tienen algo de presagio y también revelan mi deseo de convertirme en una buena soñadora. Como el propio título indica, “Guantes amarillos” reúne las piezas más decadentes o “neodecadentes”, las que protestan contra nuestra época, contra los retrocesos en materia social. La tercera sección es una mezcla de las otras dos y recoge los relatos más reflexivos. Viene a ser una especie de conclusión abierta, un verso de cierre de ese poema narrado al que aspiro que sea todo el libro.  

En Objetos frágiles encontramos muchos relatos en los que los lugares míticos inventados y los sitios abandonados tienen mucho protagonismo. ¿Podrías contarnos algo sobre los motivos que te llevaron a escribir sobre ellos?
Soy arquitecta. Me fijo mucho en las ciudades, en las literarias, las físicas,  las nuevas, las antiguas, en las desoladas o las utópicas; en las formas humanas de agrupación. Soy también una paseante de dos orillas. Sin embargo, cuando describo o imagino estas ciudades, sus arquitecturas, no soy totalmente consciente de lo que hago, es más como si meditara dentro de un sueño. Me inunda la idea de una ciudad abandonada, Art Nouveau, o maligna, como la de Arcontes, por ejemplo, y entonces la deseo, deseo verla y tocarla, la sueño, o hasta la temo. Llega el momento en que necesito construir esa ciudad, y la construyo con palabras. Escribirla es como una manera de darle vida.


© Elena Martín Barce.

La inseguridad y la ruptura del equilibrio son también constantes en los relatos de Objetos frágiles. ¿Intentas  advertir a tus lectores de los peligros de acomodarse en la vida, de no estar atentos a lo que puede venir?
Mi intención no era hacer advertencias a nadie; es mi forma de ver las cosas, el mundo, la realidad. Es verdad que acomodarse a “lo que hay” me parece nefasto, pero no solo ahora, sino en cualquier período histórico. No soy nada conformista; y aunque tiendo al pesimismo y lo defiendo, soy una utopista sin remedio, una enragée nata. Supongo que por eso mismo soy tan cómplice de los románticos y de ciertas vanguardias. Pero mi intención con el libro, si la hay, es más inspirar que advertir.

La amistad también es un tema recurrente en Objetos frágiles. ¿Es un tema que en tu día a día te preocupa?
Me importa la amistad. Siempre me ha importado. Como he dicho en otra entrevista, doy una importancia suprema a los vínculos electivos. Es un “objeto frágil”; un tipo de relación que hay que cultivar, yo hasta diría que la amistad, no la familia, es el verdadero germen de toda sociedad, y no digamos ya de toda sociedad armónica.

En este libro encontramos también una escritora en crisis. ¿Estuviste en crisis en algún momento de la escritura de Objetos frágiles? ¿Es por ello que has tardado tanto en publicar este segundo libro tuyo?
La razón por la que tardé seis años no es que pasara por una crisis de inspiración o algo parecido. Sencillamente soy una escritora lenta. Tampoco tengo prisa por acumular publicaciones, jamás la he tenido. Cuando estoy haciendo un libro descarto textos, medito y mimo cada relato, me hago preguntas sobre el mundo, la literatura, etc. Lo que no hago cuando escribo es medir el tiempo. Me cuesta imaginarme a Baudelaire preocupado por publicar un poemario cada dos años para “hacer carrera”. Y yo a Baudelaire siempre le hago caso.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Objetos frágiles?
En la época de mi primer libro veía la literatura como una máquina para perder la ingenuidad. Pensaba que los libros contribuyen a que la historia se mueva, a que el mundo cambie. En parte sigo creyendo ambas cosas, pero hoy diría que los libros –y cualquier actividad poética- son más que nada balsas de rescate. Porque si una novela como la Lucinde de Schlegel pudo atravesar el tiempo, llegar hasta mí en 2010 (que fue cuando la encontré), y cambiar mi percepción de la realidad, entonces la poesía escrita sí tiene algún poder de transformación. Querría que Objetos Frágiles fuera eso: una balsa de rescate. Una herramienta que contribuyera a reinventar o rescatar fenómenos en peligro como la desobediencia, los sueños, la poesía, el exceso, la aventura o las utopías. Cambiar el mundo nunca pasará de moda. Siempre habrá playas bajo los adoquines de hoy o de mañana. De algún modo, Objetos frágiles exterioriza la forma concreta de mi deseo de transformar la vida.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?
Estoy empezando a escribir, no sé qué saldrá, aunque querría seguir una línea más parecida a la de Todo lo sólido, el último relato del libro, un tipo de texto como más expresionista. Ahora estoy con un poema en prosa y un relato largo. No sé qué pasará, y me gusta no saberlo.

Muchas gracias por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales, Inés. Suerte con lo nuevo que estás escribiendo y con Objetos frágiles.
Y a vosotros, amigos de La Orilla de las Letras, gracias por estar un día más al otro de la pantalla. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

Reseña: OBJETOS FRÁGILES, de Inés Mendoza.

Título: Objetos frágiles
Autora: Inés Mendoza
Publica: Páginas de Espuma
Páginas: 104
Precio: 14 €

Queremos rodearnos de personas y cosas sólidas para sentirnos seguros en nuestro día a día. Sin embargo, el mundo es demasiado cambiante y esa fortaleza que buscamos suele ser efímera. Somos frágiles y todo es frágil a nuestro alrededor. Para aprender a aceptarlo, nada mejor que emprender una terapia de lectura. La de un libro como Objetos frágiles, de Inés Mendoza, por ejemplo. Para los que queráis saber qué contiene este volumen, aquí va mi reseña de hoy.
Objetos frágiles es el segundo libro de relatos de Inés Mendoza, una autora que apuesta por un romanticismo actual con influencias del simbolismo y las vanguardias, lo que la ha llevado a tener un estilo tan propio como rico en matices y singularidades.
El volumen está compuesto por dieciocho relatos breves que se distribuyen en tres apartados: Ritual de las manos, Guantes amarillos y El impuro cabello, la tormenta. Tal y como yo lo veo, la rebeldía que rezuman estas historias es tal, que podrían ordenarse de un sinfín de maneras posibles. Pero ya que están organizados de esta forma, diré que, desde mi punto de vista, los relatos que se encuadran en Ritual de las manos nos hablan de la pérdida de identidad, tanto de las personas como de los objetos, y de ese miedo que todos tenemos a ser olvidados por los demás, arrinconados sin remedio o convertidos en seres invisibles. Los relatos de Guantes amarillos, por su parte, nos hablan de ciudades y ecosistemas que irremediablemente se ven destruidos y de momentos oníricos; pero, sobre todo, nos advierten de lo frágiles que son nuestras civilizaciones. Finalmente, los relatos de El impuro cabello, la tormenta, exploran, entre otros muchos temas, la búsqueda del yo y de la identidad que cada uno tenemos en la sociedad, así como la fragilidad que conlleva esa autoexploración.
Olvidemos por un rato esta organización de los relatos y hablemos de ellos en busca de otros de los temas que nos plantean. Así, os diré que el libro comienza con Nostalgia de las manos, un relato con tono divertido que, sin embargo, nos habla, en el fondo, del cambio de función (no deseada) de un objeto al que podríamos ver como la representación de un ser humano. Esa desazón por verse alguien menospreciado la podemos encontrar también en relatos como Deconstrucción de la marquesa (en el que la inseguridad de la protagonista queda patente) y Hopperiana (en el que las sombras y los hombres pasan desapercibidos en una gran ciudad).
Es duro sentirse olvidado o menospreciado, más aún cuando los que lo hacen son tus amigos. La amistad como elemento que crea inseguridad o reafirma al personaje es el tema de los relatos Despedida, En el faro y Todo lo sólido.
Lo onírico y lo simbólico están muy presentes en este libro, sobre todo en lecturas como Disolución de los mapas, Las invasoras, Estado de sitio y La rosa profusa.
Los fantasmas reclaman su lugar desde el olvido en relatos como Correspondencias y Umbral. También los lugares fantasmales, esos sitios decadentes hace tiempo abandonados o literalmente barridos de la faz de la Tierra, también lo hacen en cuentos como Petite place de Gare, Mohr, la que huye de la luz, Las ciudades perdidas, Arcontes y Naturaleza muerta.
Es de destacar la cantidad de relatos que nos hablan de cataclismos (además de los anteriormente mencionados, también entrarían en esta consideración Estado de sitio y La roca profusa) y de lugares reales o imaginarios encuadrados en un pasado remoto. También me ha llamado la atención la fuerza de la luz como elemento tan destructor como purificador en Mohr, la que huye de la luz y Epifanía del enemigo.
Y muchísimos temas más. Pero no seré yo quien desvele todos los misterios de esta interesante antología. Si quieres saber qué más encierra Objetos frágiles, no te quedará otro remedio que hacerte con un ejemplar de este magnífico libro cargado de historias llenas de significado, rebeldía, inquietud, nostalgia, desasosiego, esperanza y, sobre todo, momentos para pensar, como decía al principio de este texto, en lo cambiante que es todo y lo inseguros que siempre acabaremos sintiéndonos porque los objetos son frágiles y nosotros, aún más. ¿A qué esperas para conseguir tu ejemplar?
Cristina Monteoliva



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domingo, 28 de enero de 2018

Reseña: ERROR 404, de Varios Autores.

Título: Error 404
Autores: Varios
Publica: Relee
Páginas: 293
Precio: 18 € / 5,95 € (ebook)

Está claro que la tecnología domina nuestras vidas. Y lo que es peor: cada vez hay más aparatos, siempre más modernos, que nosotros no paramos de comprar convencidos de que no podríamos pasar sin ellos. Nos hacemos esclavos de sus exigencias y las del mercado. Nos quieren hacer creer que todo será más fácil así pero, ¿y si no lo es? ¿Y si sus errores o sus avances de pronto nos dejan perplejos? Tanto como a los personajes que habitan en Error 404, la antología de relatos sobre la perplejidad tecnológica que nos ofrece Relee y que hoy os vengo a comentar.
Error 404 es un libro compuesto por un total de veintiún relatos de extensión variable e íntimamente relacionados con la tecnología, tanto en el presente como en el futuro, escritos por Pablo Marín Escudero, Antonio Sancho Villar, Maite Núñez, Kike Parra Veïnat, María Sánchez Tapia, César Sogo, Óscar Amador Vicente, Yera Cámara García, Pedro Barsanti Vigo, José María Sánchez-Bustos, José Sainz de la Maza, Adolfo Gilaberte, Joana Delgado Casanovas, Manuel Álvarez, José Miguel Manjavacas Cid, Juan Santos Santos, Vicente Fernández Almazán, José Jesús García Rueda, Adrián Gualdoni, Cecilia Santiago y Diego Rinoski.
Empecemos hablando del presente y los cuentos que tratan sobre las inquietudes, incomodidades o sorpresas que la tecnología nos puede provocar a día de hoy. ¿Y cuál es el aparato que no dejamos de manejar, el cacharro moderno por excelencia? Exacto: el teléfono móvil, con sus múltiples funciones y utilidades. Aplicaciones que, sin embargo, no son capaces de devolvernos a las personas amadas, como nos demuestra el relato de título Inmóvil o hacer que las tengamos verdaderamente cerca en los momentos más cruciales, como vemos en ¡Perdón, Amaia, perdóname!
Los teléfonos móviles inteligentes nos permiten entrar continuamente en las redes sociales, fundamentales para muchos de nosotros. Gracias a ellas mantenemos el contacto con los viejos amigos y hacemos otros nuevos. Pero no solo eso: en ellas mostramos solo lo que queremos de nosotros, con el fin, a veces, de que los demás crean que somos de tal manera, lo que a la larga puede producir cierto desengaño en los otros o en nosotros mismos, como vemos en relatos como Cementerio club o Pesados mares de datos.
Cuando no tenemos a mano el móvil, o cuando precisamos de una pantalla más grande o de otro tipo de utilidades, recurrimos al ordenador. Estos aparatos no serán los protagonistas de cuentos como Gracias por estos maravillosos días, Repetidas historias de arte, Voyeaur, En el jardín metálico o La última fase, pero sí estará muy presentes como objetos imprescindibles para el ocio, el trabajo y, al final, el asombro, cuando no el desasosiego, de sus protagonistas.
El fututo se nos presenta como un escenario en el que vivir rodeados de máquinas perfectas, como los robots humanoides o de otro tipo. O quizá no tanto, como nos demuestran La herida cibernética, Amadeus, Domus amatísima o Construction time again. Nos lo imaginamos con un lugar en el que encontrar tratamientos para las enfermedades incurables, aunque solo sean experimentales, como vemos en Tártaro, el abismo y El experimento. En este mundo tan fantástico, habrá clones y métodos de fecundación novedosos, como nos descubren El origen de todo mal, Reflejo y Asier 2734. Pero, ¿quedará espacio en este mundo para la buena literatura, o la doctrina imperante querrá que solo unas pocas obras lleguen al lector, como denuncia el relato Chatarra espacial?
Aunque todos los relatos de este volumen gozan de una gran calidad literaria, un mensaje claro (e importante) y una trama interesante, me gustaría destacar de este volumen dos de ellos. El primero es La máquina inútil, un cuento que nos traslada de forma divertida al pasado para demostrarnos que la tecnología fuera de contexto puede ser inservible; pero también cuando nos damos cuenta de que las cosas las podemos hacer de forma más sencilla. Y, en segundo lugar, Crónica de una revolución y otros cuentos, la última pieza de este preciso engranaje literario y la historia que nos invita, precisamente, a reflexionar sobre nuestras vidas actuales y pensar en qué sería de nosotros sin la dependencia tecnológica.
Error 404, en definitiva, es un buen recopilatorio de cuentos que nos habla de la tecnología en sus diversas formas, en lo mucho que puede ayudarnos pero, también, crearnos problemas; de las relaciones humanas en el presente y en el futuro, en lo mucho que están cambiando gracias a los avances de la ciencia y de lo frágiles que somos todos, por mucho que intentemos escudarnos en todos estos aparatos y avances. Un libro, sin duda, con el que preguntarnos hacia dónde vamos como sociedad y especie y una lectura muy recomendable tanto para los amantes de la buena ciencia ficción como para los de los relatos en general.

Cristina Monteoliva


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viernes, 26 de enero de 2018

Reseña: REMEDIOS DESESPERADOS, de Thomas Hardy.

Título: Remedios desesperados
Autor: Thomas Hardy
Traducción: Claudia Casanova
Publica: Ático de los Libros
Páginas: 480
Precio: 26,90 €

¿Te gustan las novelas de época con grandes dosis de pasión, misterio y acción? ¿Quieres que la novela haya sido escrita por un gran autor del tiempo en el que tiene lugar la historia? ¿Y que además te haga reflexionar sobre temas universales? Pues entonces tal vez deberías echarle un vistazo a Remedios desesperados, la primera obra de Thomas Hardy. Si primero quieres saber un poco de qué va esta novela, no dejes de seguir leyendo la reseña que de ella os traigo hoy. ¿Preparados? Pues allá vamos:
Tras la muerte de su padre, Owen y Cytherea Graye se ven obligados a trasladarse al sur de Inglaterra, al pueblo en el que Owen ha encontrado un trabajo temporal como delineante. Una vez allí, Cytherea entabla relación con Edward, el compañero de trabajo de Owen. Los dos se enamoran el uno del otro, pero Edward se marcha a Londres sin darle esperanzas a su amada con respecto a un futuro matrimonio. Despechada, Cytherea decide buscar trabajo de sirvienta, aunque en principio quisiera ser institutriz. La encargada de contratarla, la señorita Aldclyffe, resultará no solo ser una mujer de temperamento imposible, sino también alguien estrechamente relacionada con el pasado del difunto padre de los hermanos Grave. Esta contratará como administrador de su finca a Aeneas Manston, joven con el que pretende que Cytherea se case. Pronto, sin embargo, se descubrirá que Aeneas es un hombre de dudosos principios morales, capaz de cualquier cosa por conseguir sus fines. ¿Conseguirá Cytherea escapar del matrimonio?
Owen y Cytherea son dos jóvenes poco preparados para la vida y sin dinero en los bolsillos. Su padre, arquitecto de profesión, no supo cómo darles un futuro mejor y su prematura muerte les obligó a buscarse la vida. Y la vida les llevó a un pequeño pueblo costero en el que comenzaría la gran aventura de Cytherea, la protagonista de esta historia contada por un narrador detallista al extremo que no duda en detenerse de vez en cuando ya no solo para describirnos los pormenores de los lugares, las gentes y la época en general (mediados del siglo XIX), sino también para ofrecer sus opiniones sobre todo tipo de asuntos con el fin de hacer reflexionar al lector sobre ellos.
Pero volvamos a Cytherea, esta joven de tan solo dieciocho años que por un desengaño acaba primero en las redes de su extraña empleadora, la señorita Aldclyffe (¿es bisexual este personaje o qué quiere decir la escena que tiene lugar entre las dos mujeres la primera noche que Cyhterea pasa en la mansión Knapwater House?), y luego en las de Aneas Manston. Cytherea ve cómo el destino la lleva por caminos insospechados y terribles en poco tiempo. La cuestión es: ¿puede una mujer con ella hacer algo al respecto o debe resignarse a lo que los demás quieren que haga?
¿Y qué decir del hombre de su vida, Edward? Aunque su corazón pertenezca a nuestra protagonista, está obligado a cumplir con el compromiso adquirido hace años con su prima. La cosa se complica cuando la señorita Aldclyffe toma cartas en el asunto.
Llegados a este punto, seguro que muchos os preguntaréis si acaso Owen, el hermano mayor, no puede hacer nada. Pues lo cierto, como descubriréis con la lectura, él también se encuentra en una situación comprometida.
Pero, ¿quién es en realidad la misteriosa señorita Aldclyffe, esta mujer tan ambigua, en todos los aspectos?¿Qué la relaciona con los hermanos Graye? ¿Y con Aneas Manston? Esta novela está llena de preguntas que solo se resuelven con la lectura hasta el final de la misma.
Remedios desesperados, por tanto, es una novela en la que, como su propio nombre indica, nos encontraremos a una serie de personajes teniendo que tomar medidas desesperadas constantemente, pues la vida a veces les lleva por caminos extraños de los que no saben cómo escapar. Una historia de romances apasionados, hombres sin escrúpulos, principios éticos dudosos y otros bastante firmes, con una buena dosis de acción e intriga. Un libro clásico que está esperando a que lo descubras. ¿Y acaso no le darás una oportunidad a la pobre Cytherea Graye?
Cristina Monteoliva

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domingo, 21 de enero de 2018

Reseña: EL DIARIO COMPLETAMENTE VERÍDICO DE UN INDIO A TIEMPO PARCIAL, de Sherman Alexie.

Título: El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial
Autor: Sherman Alexie
Ilustraciones: Ellen Forney
Traducción: Clara Ministral
Publica: Ediciones Siruela
Páginas: 269
Precio: 16,95 € / 9,99 € (ebook)

Todos tenemos sueños. Algunos nos parecen alcanzables; otros, no tanto. A veces renunciamos a los segundos, pensando que también estos costará demasiado conseguirlos. Pero otras queremos hacer todo lo posible por ellos. Y es cierto, o suele ser fácil, menos aun cuando eres tan solo un adolescente que vive en un ambiente que te invita a dejar de soñar. Alguien como el protagonista de El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial, la magnífica novela de Sherman Alexie de la que a continuación os hablaré.
Arnold Spirit Junior es un chico de la reserva india Spokane que nunca lo ha tenido fácil en la vida pues nació con hidrocefalia, lo que le hizo tener una cabeza enorme y problemas de visión, entre otros tantos. Y, sin embargo, este joven de catorce años que se expresa mejor a través de los cómics que con las palabras, no se rinde. Él tiene sueños y quiere llevarlos adelante. Pero en la reserva es imposible. Por eso, aconsejado por un profesor, decide cambiar de instituto. Su nuevo centro de estudios está fuera de la reserva. En él solo hay niños blancos. ¿Conseguirá adaptarse? ¿Le aceptarán los otros chicos? ¿Y qué pasará con la gente de la reserva? ¿Entenderán sus decisiones?
Arnold, Junior para todos los de la reserva, el narrador y protagonista de este tragicómico diario, es un chico de catorce años con una cabeza muy grande, unas gafas muy feas y unas increíbles ganas de tener un futuro mucho mejor del que tuvieron sus abuelos, sus padres o incluso su hermana mayor. No es que le disguste vivir en la reserva india en la que se ha criado, pero desde el día que descubrió que en su instituto llevaban al menos treinta años estudiando con los mismos libros, sabe que progresar allí no es posible. Los indios no tienen esperanza. Junior ha de salir fuera, al territorio de los blancos, a perseguir sus sueños.
Sorprendentemente, Arnold encuentra más problemas dentro de la reserva que fuera, una vez tomada la decisión. Su primer año de instituto será una montaña rusa de emociones para el chico, no solo por su cambio de centro de estudios, sino por una serie de sucesos, la mayoría, bastante trágicos. Aun así, nuestro inteligente muchacho no perderá la esperanza y el sentido del humor, tal y como reflejan las maravillosas  y acertadas viñetas  en blanco y negro de Ellen Forney. En ellas veremos también cómo son los parientes de Arnold a sus ojos, lo que podrían estos haber sido en otras condiciones de su vida y su versión de los momentos más destacados de su vida.
Esta novela nos habla, de forma amena, divertida, pero también sincera y, a veces, poco amable, no solo de la vida de este chico inteligente lleno de esperanza que de pronto se ha de sentir extranjero en todas partes (probablemente, un alter ego de su autor, casualmente un indio Spokane que para convertirse en escritor tuvo que seguir algunos de los mismos pasos que su personaje) sino también, o más bien fundamentalmente, de la realidad de las reservas indias de Estados Unidos, lugares donde el alcoholismo es un problema grave, la gente ya no desea conseguir nada (y, por tanto, se conforman con sus, a veces, tristes existencias) y la esperanza de vida es bastante corta. ¿Es posible progresar en un ambiente así? Sí, con esfuerzo. Sherman Alexie y su personaje, Arnold, son prueba de ello.
El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial, en definitiva, es una novela juvenil que muchos adultos sabrán también disfrutar, pues en ella tienen cabida momentos cómicos, pero también realidades que nos invitan a pensar en lo difícil que lo tienen algunas personas para labrarse un futuro y el esfuerzo que cuesta a veces salir adelante cuando tu ambiente social no es demasiado motivador. Una obra sobre la diversidad, la recompensa que se consigue con el esfuerzo, la familia, la amistad y el valor. Una historia, en definitiva, que te cautivará si decides adentrarte en ella. No lo pienses más y descubre ahora a los indios de la reserva Spokane, a Arnold y todas sus esperanzas.
Cristina Monteoliva


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viernes, 19 de enero de 2018

Reseña: LOS BUENOS, de Hannah Kent.

Título: Los Buenos
Autora: Hannah Kent
Traducción: Laura Vidal
Publica: Alba Editorial
Páginas: 432
Precio: 19,90 €

Aunque la ciencia avanza y los progresos tecnológicos no cesan, aún hay hoy en día cuestiones que no podemos explicar. Y si a veces nos angustiamos por esas cosas que no conseguimos que nadie nos explique, ¿cómo sería vivir hace un par de siglos, cuando todo era mucho más rudimentario y la  medicina estaba en pañales? Entonces, la gente se aferrada a cualquier  creencia o superstición ante la enfermedad. Aunque algunos casos cueste más entenderlos que otros, pienso tras la lectura de Los Buenos, la magnífica e intensa novela de Hannah Kent a la que dedico esta reseña.
Tras la repentina muerte de su marido, Martin, Nóra se queda sola en su pequeña granja junto a su nieto, Micheál. Su hija falleció no hace mucho y su yerno le trajo al niño a los abuelos para que se hicieran cargo de él. El que fuera un par de años atrás un chico normal es, sin embargo, a los cuatro años de edad, un ser que no se comunica y no camina. Angustiada ante la idea de tener que cuidarlo y atender a la casa al mismo tiempo, Nóra decide contratar a una chica de catorce años, Mary Clifford, para que la ayude. A pesar de los esfuerzos de la muchacha, el chico no parece evolucionar de forma positiva, por lo que Nóra acude al sacerdote local. Cuando este se niega a ver al niño, la viuda pone el caso de su nieto en manos de Nance Roche, la curandera que afirma estar en contacto de los Buenos, es decir, los duendes y las hadas. Convencidas curandera y viuda de que los Buenos han cambiado al auténtico niño por un duende, comienzan su plan para deshacerse del impostor.
La acción se sitúa entre los años 1825 y 1826, coincidiendo con una época de hambruna, en un valle irlandés en el que las creencias católicas conviven con un sinfín de supersticiones paganas que hacen que los lugareños tengan que hacer a diario esto o lo otro para invocar a la buena suerte y espantar al mal de ojo. En un ambiente como este no es de extrañar que exista una curandera que diga escuchar a los duendes y a las hadas y que sepa de remedios que los médicos ignoran. Tampoco que haya gente que acuda a ella. Y menos que una mujer desesperada al encontrarse con que su único nieto no es un niño como todos los demás acuda a esta curandera con el fin de volver sano al crío.
Lo que cuesta entender es lo que viene después y el desenlace final. O, al menos, a mí me cuesta. Y, sin embargo, así tuvo que ser, pues la autora de Los Buenos, Hannah Kent se ha basado en hechos reales a la hora de tejer la trama de esta historia con tintes costumbristas que nos hace adentrarnos en una Irlanda empobrecida y supersticiosa donde Jesucristo y los duendes podían habitar en una misma casa.
Los paisajes y personajes con sus motivaciones, tanto los principales como los secundarios, están perfectamente perfilados, de forma que resulta muy fácil imaginarlos en su ambiente. De todos ellos mi favorito es Mary, esa pobre chica que cuida al niño, pues solo ella llega a entender, a pesar de su corta edad y su inexperiencia en la vida, qué es lo que está pasando, hasta qué punto llega la locura de las otras dos mujeres y lo poco que ella puede, al final, hacer al respecto.
Los Buenos, en definitiva, es una absorbente novela que nos transporta a la Irlanda rural del siglo XIX para darnos a conocer cómo podría haber tenido lugar un terrible hecho real. Una obra excelente para conocer las costumbres de la época y las motivaciones de los habitantes del valle. Pero también una inquietante y oscura historia que nos hará reflexionar sobre temas como las creencias populares, el cansancio que acumulan día tras día las personas que cuidan de familiares con discapacidades graves y en si se debe considerar infanticidio o no ciertos casos. Un libro, sin duda, que no deberíais dejar escapar, no vaya a ser que si lo hacéis, los duendes vengan a por vosotros. ¿A qué esperáis para comenzar la lectura?
Cristina Monteoliva


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jueves, 18 de enero de 2018

Reseña: SEXISMO COTIDIANO, de Laura Bates.

Título: Sexismo cotidiano
Autora: Laura Bates
Traducción: Lucía Barahona
Publica: Capitán Swing
Páginas: 336
Precio: 20 €

Los seres humanos hemos dado unos cuantos pasos a lo largo de la historia reciente en post de la igualdad de los sexos. Para algunos puede que sea suficiente, que crean que hombres y mujeres somos iguales en todos los aspectos de la sociedad actual. Lamentablemente, esto no es cierto, ni en España ni en otros países de Europa. Y lo que es peor: el sexismo sigue formando parte de millones de mujeres, de una u otra forma. Si quieres saber más sobre este asunto, nada mejor que leer Sexismo cotidiano, el libro de Laura Bates del que hoy os vengo a hablar.
Cansada de experimentar situaciones sexistas a diario, Laura Bates decidió en marzo de 2012 que ya era suficiente. Había que hacer algo y en ese momento no se le ocurrió nada mejor que abrir una página web al mes siguiente en el que las mujeres pudieran hablar de todos los momentos incómodos que los hombres les hacían pasar a diario o que habían experimentado en el pasado. Lo que ella creía que sería tan solo un proyecto entre amigas, tuvo pronto una gran acogida. Y no solo por parte de las mujeres de Reino Unido: todas las féminas del mundo tenían algo que decir acerca de las situaciones embarazosas, el acoso y las agresiones que habían sufrido a lo largo de sus vidas (y, muchas, aún sufren) de carácter sexista. Más tarde, abriría también una cuenta de Twitter en la que también recoger este tipo de testimonios y, finalmente, escribiría el libro Sexismo cotidiano.
Sexismo cotidiano es un libro compuesto en doce capítulos en el que se abordan distintos tipos del sexismo que millones de mujeres viven a diario (o sea, casi todos los tipos de sexismos que podemos encontrar).  Estos apartados abordan temas tan interesantes como el silencio de las mujeres a lo largo del tiempo (no voluntario, por supuesto, sino porque la sociedad tradicionalmente se ha negado a escuchar), el papel de las mujeres en política, el sexismo desde las edades tempranas, la formación de las mujeres jóvenes, las mujeres en espacios públicos, el papel de las mujeres en los medios de comunicación, las mujeres en el trabajo, la maternidad, la discriminación cruzada (cuando el sexismo se une con el racismo, la xenofobia, la homofobia, etc), las amenazas que sufren muchas mujeres, el papel que juegan los hombres en estos asuntos y, finalmente, la gente que alza la voz.
En cada capítulo encontraremos no solo en las experiencias personales de la autora, sino también datos estadísticos, un sinfín de las declaraciones que las mujeres han ido dejando a lo largo de los años en la web y la cuenta de Twitter del proyecto Sexismo cotidiano, algunas entrevistas realizadas a distintas mujeres (muchas de ellas, personas de peso en la sociedad) y las conclusiones que Laura Bates ha sacado tanto del análisis de todo este material como de otros, como pueden ser los reportajes realizados en la prensa escrita o la televisión.
Aunque también hay hombres que sufren sexismo y el libro les dedique un breve espacio, Laura Bates se ocupa fundamentalmente del sexismo que sufren las mujeres, es decir, del machismo. Antes de leer este libro hay que tener en cuenta que, aunque los testimonios de mujeres que la autora recoge son de mujeres de todo el mundo, buena parte de su análisis se centra en los problemas de Reino Unido y, en parte, Estados Unidos. La lectura pone de manifiesto, por tanto, que todas las mujeres están expuestas a acciones machistas a lo largo del mundo, aunque un tipo puede ser más grave en un país que en otro. Si el libro hubiera sido escrito por alguien de España, estoy segura de que incluiría un extenso capítulo dedicado a la violencia de género o violencia contra las mujeres en el ámbito doméstico. Admito que he echado en falta que se hable de este tema en profundidad en este libro, pero también espero que la autora lo trate en un próximo volumen.
Sexismo cotidiano es, en definitiva, un interesante libro que intenta poner de manifiesto que el machismo es algo a erradicar del todo de nuestra sociedad y que aún queda mucho para conseguir la igualdad total entre hombres y mujeres incluso en los países que creemos más civilizados. Un libro que invita a despertar conciencia y a tomar cartas en el asunto. Una obra feminista que estoy segura que os proporcionará datos de peso. Dicho esto solo queda una cosa: ¡que corráis a haceros con un ejemplar!
Cristina Monteoliva



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domingo, 14 de enero de 2018

LO QUE DESCUBRÍ DE MÍ MISMA MIENTRAS CORREGÍA MI ÚLTIMA NOVELA.



Estoy segura de que creeríais que después de daros la lata con mis pasos a seguir durante la corrección de una novela (Hablemos del proceso de corrección, https://laorilladelasletras.blogspot.com.es/2017/08/hablemos-del-proceso-de-correccion.html; Hablemos del proceso de corrección (II) https://laorilladelasletras.blogspot.com.es/2017/09/hablemos-del-proceso-de-correccion-ii.html y Hablemos del proceso de corrección (III) https://laorilladelasletras.blogspot.com.es/2017/11/hablemos-del-proceso-de-correccion-iii.html) ya no tenía nada más que contar de este tema. Y, sin embargo, todavía han quedado unas cuantas cosas rondando mi cabeza. Cosas sobre las que pensé mientras me dejaba las pestañas y casi los ojos (literalmente) corrigiendo mi última novela y que voy a escribir aquí fundamentalmente porque no quiero olvidarlas. Bien, allá voy con ellas.
Mucha gente se entusiasma escribiendo el primer borrador pero luego odia corregir. Hace ya bastante tiempo que me di cuenta que, en mi caso, está bien sentir esa euforia mientras escribo la primera versión de mi obra, pero que, sin las horas y horas de correcciones posteriores, mi relato, novela, lo que sea que esté escribiendo en ese momento, sería poco más que un texto piltrafilla. Yo intento hacerlo lo mejor posible siempre, aunque tras la lectura global que sigue al final del borrador me encuentro que no lo he hecho tan bien. De hecho, en esta ocasión llegué a acordarme del caso del Cristo de Borja y la señora Cecilia. Para mí, mi novela, a primeros de septiembre, era ese Ecce Homo desangelado que tenía que pulir hasta convertirlo en lo que yo quería que fuera. Por suerte, conseguirlo era más fácil que arreglar el desaguisado de Borja ya que que quitar y poner palabras en un procesador de texto no es nada comparado con quitar los manchurrones que puso la señora Cecilia en aquella obra de arte. Aunque lo mío me ha costado, no os vayáis a creer que ha sido tan fácil. Horas y horas revisando. Ha sido duro, ¡pero también muy gratificante! Porque cuanto más tiempo pasa, más me gusta corregir mis textos, esforzarme y ver hasta dónde puedo llegar.


Por otra parte, siempre he sido una escritora un tanto caótica, pero con el tiempo creo que me estoy organizando un poco mejor. No creo, sin embargo, que llegue nunca a ser una de esas disciplinadas escritoras de mapa que no empiezan a escribir ni una palabra hasta que no tienen toda la documentación clasificada, las fichas de los personajes hechas y los esquemas de los capítulos perfectamente colocados. Tampoco creo que pueda volver a ser una autora de brújula y ponerme a escribir sin saber nunca a dónde voy. ¿Qué creo entonces que soy? Una escritora GPS. Y es que lo mío es como cuando vas de viaje en coche hoy en día: antes de salir, preparas unas cuantas cosas, pero no demasiadas. Sabes que habrá alguna parada intermedia y una al final, eso lo tienes claro. Pero el resto lo dejas un poco en manos del GPS. Sí, te confías un poco a veces. Y muchas te das cuenta de que has hecho mal. Porque el cacharro acaba llevándote por lugares insospechados que igual te dan un poco de miedo. O no encuentra bien el camino. Incluso, si no te das cuenta, puedes acabar en el fondo de un pantano.
Así que guiarse por el GPS a veces está bien, pero como no quiero acabar atascada en el barro de mi propia obra demasiadas veces, para la próxima novela creo que tendré más cosas planificadas de antemano (aunque nunca llegue a ser una autora mapa completa). De hecho, como siga planificando lo que quiero escribir próximamente, ¡creo que nunca me pondré a escribirlo!


Sí, yo soy así de veleta: si paso demasiado tiempo dándole vueltas a una idea en la cabeza y no me pongo a escribir, al final me paso a la siguiente. Estoy intentando corregir eso, ser menos impaciente y mantenerme en una sola idea. No es fácil porque tengo ideas continuamente. Ideas que quiero desarrollar, y entonces… Pues lo dicho: tengo que intentar ser más organizada.
Y ahora dejo de daros ya la lata con mis divagaciones, ¡que tengo que ponerme de nuevo a corregir mi novela! Ah, ¿es que no lo sabéis? Después de terminar las correcciones que haces por tu cuenta, ¡llega un editor y te dice que corrijas algunas cosas más! En serio, ¡qué ganas de terminar ya con esto y poder hablaros de otras cosas! Mientras tanto, como siempre os deseo, ¡que tengáis felices lecturas!
Cristina Monteoliva